Historia de una escritora





Salomé Ortega nació en Campo Cámara,  provincia de Granada. Ella y su familia se trasladaron a Madrid cuando Salomé contaba con tres años.

Su  pasión por la literatura comenzó,  desde la infancia. Salomé Ortega ha publicado ocho libros,  “Los siete velos, “Granada abriéndose” título que le puso su amigo Luis Rosales Y prólogo por Lauro Olmo.  “La sabia Insinuación de las Cosas”, Luís Landero, entre otras cosas, dijo “...una verdadera fiesta para los sentidos...”. Miguel Delibes declaró, “...es una obra llena de expresividad MIGUEL DELIBES, La obra de Salomé Ortega “es de tal fuerza expresiva, de una lírica tan hermosa y de un estilo tan peculiar, que la convierten en una de las figuras más relevantes de la literatura española”....”.   “Déjame Ser tu Derrotada Estrella”. Acompaña al libro un CD. Acompaña al libro un CD. Textos: Salomé Ortega. Guitarra: José Gras. Canciones: Luís Eduardo Aute y Amancio Prada. Lecturas: Luís Eduardo Aute, Amancio Prada, Andrés Aberasturi, Ramón Trecet, Andrés Sorel, José Carlos Plaza, Lolo Rico y Salomé Ortega.

 Premiada en el prestigioso Certamen Internacional - Encarna León- de la Ciudad de Melilla por su libro “La alfombra De La Palmera y la Media Luna” una protesta bella y terrible, dice José Antonio Marina en el prólogo.

Perdí las estrellas”, Este libro en realidad está formado por dos novelas cortas,  tienen en común la historia de una mirada, desprenden momentos de lirismo intenso y soledad por el paso del tiempo, con las luces y las sombras de la vida culminan en la esperanza de una luz más allá de este mundo.
Dijo  Javier Lostalé entre otras cosas, en la presentación del libro en el Corte Inglés de Madrid: Perdí  las Estrellas, es un libro que durante mucho tiempo cantará su  sombra en nuestra sangre, Antonio Sánchez Trigueros lo define como una joya para la literatura. Luis Eduardo Aute, dice: Es lo mejor que se ha escrito en este país desde hace mucho tiempo. Prosa poética en Estado puro. BELLEZA con MAYUSCULAS. “…Milagro poético…” Antonio colinas comenta en el prologo: Salomé Ortega también sabe “descender” en esta aventura suya que supone buscar la palabra nueva, Resulta así la memoria no sólo un medio ideal para testimoniar sobre los temas tratados, sino también un medio para superar a la mismísima muerte. Un libro que vuelve a resaltar a Salomé Ortega  como una de las figuras más relevantes de la Literatura Española.  El  libro “Perdí las Estrellas”,  en realidad está formado por dos novelas cortas, “Memoria y Olvido”  y “Esta Ausencia Tuya”, tienen en común la historia de una mirada, desprenden momentos de lirismo intenso y soledad por el paso del tiempo, con las luces y las sombras de la vida culminan en la esperanza de una luz más allá de este mundo.

El frio que me vela, fue publicado en enero 2010 y es una colección de poemas cortos. La luz, la naturaleza y los sentimientos siempre presentes en la obra de Salomé Ortega recorre los versos de poesía libre en este libro; del que Luis García Montero en la presentación dijo: es un ejercicio de depuración donde está involucrada con la misma fuerza con la misma exigencia la conciencia y la sensibilidad… del que Luis García Montero en la presentación dijo: es  un ejercicio de depuración donde está involucrada con la misma fuerza con la misma exigencia la conciencia y la sensibilidad…Es un gran libro, imprescindible para el que ama la buena literatura.

Y de su nuevo libro “el silencio de la luz”, dice Luis Eduardo Aute en el prólogo: Son poemas desnudos, limpios, casi transparentes. Nada sobra, nada falta, todo es esencial. Algunos evocan la estructura del “haikú” otros pertenecen al ámbito del aforismo, y otros son la pura lucidez emocional, siempre contenida, justa, exacta.


Ha dirigido y presentado programas de radio. Ha organizado coloquios y lecturas poéticas, y participado en TV en programas culturales. Sus libros han aparecido en publicaciones de medios de comunicación tanto nacionales como  internacionales. Revistas literarias piedra del molino, Nayagüa (Fundación José Hierro), la indiscreta etc. TV, Periódicos  Como el País, Abc, el Mundo, el ideal de Granada, Diarío de Melilla.La voz de Almería, La voz hispana de Nueva York entre otros, en las revistas, Ronda iberia, Woman,Telva, Futuro etc.

Pertenece a la FEDERACIÓN DE TURISMO ESPAÑOLA DE PERIODISTAS Y ESCRITORES.

ASOCIACIÓN COLEGIAL DE ESCRITORES DE ESPAÑA.

ASOCIACIÓN DE ESRITORES Y ARTISTAS ESPAÑOLES.

Es académica de la REAL ACADEMIA IBEROAMERICANA DE ESCRITORES Y PERIODISTAS.

UNION DE ESCRITORES

1º  LIBRO “LOS SIETE VELOS
¿A través de qué medios logra esta autora esa metamorfosis y busca la autenticidad, y busca la palabra nueva? Ante todo, deshaciendo el verso al uso: huyendo tanto de la medida, como de lo vesicular, como del mismo poema en prosa. Porque estos textos parecen ser formalmente otra cosa. Busca la autora un nuevo cauce para su palabra y lo logra. La forma importa poco en la medida en que ella enciende sus textos. La apariencia de Diario es engañosa y por eso lo que aparenta ser fragmento es poema.
¿A dónde vas a estas horas?, seguramente me preguntaría con un cigarrillo entre los dedos, mientras camino con la noche  y los grillos. Escucho su voz  en la memoria bajo el poder nocturno de la luna, conducida por la mano del insomnio y la congoja inabarcable de la melancolía.  Recuerdo su mirada detenida en el valle de la demora antes de  acceder a la totalidad de sí mismo, y de mirarme con la exactitud matemática de lo inevitable. Cerró los ojos y cruzó con Orión  el horizonte de aquella distancia infinita, y me quedé en la triste sombra de su ausencia, destemplada como pájaro en la nieve, aquella tarde de julio.

El primer libro fue prologado por Apuleyo Soto, escritor y periodista y el que fue director de prensa en aquellos momentos de la Universidad Autónoma de Madrid.

2º LIBRO “GRANADA ABRiÉNDOSE”

El título de su libro “granada Abriéndose” fue puesto por Luis Rosales. Premio Cervantes, y gran amigo de García Lorca. Salomé dice “Fue un honor para mí que cuando iba a visitarle a su casa, me recibía con un poema mío aprendido de memoria”.
El prólogo del libro “granada abriéndose” es de  Lauro Olmo (premio Fastenrath de la Real academia española, premio Nacional de teatro, premio Nadal entre otros).
PRÓLOGO DEL LIBRO “GRANADA ABRIÉNDOSE” POR LAURO OLMO:

“Corren por sus versos una brisa como de estrella. Una brisa a punto de temblor y cuando empieza a producirse, no sabemos a qué extremo puede llegar en busca de la concepción material: del jubiloso o dolorido encuentro. Es muy significativo en Salomé la naturalidad con casi rozando lo irracional –en lo que nunca caerá, pues sus razones, más que síquicas son cósmicas, se siente formando parte de una totalidad consustanciada. Todo esto no impide que camine “con las pupilas heridas por las lágrimas”, como deja claro Salomé Ortega en sus “siete Velos” cuando la llevaban a ver las puestas del sol. Su segundo libro “Granada abriéndose”, del que su paisano Luis Rosales le habló una tarde, es como una ofrenda rebosante de sugerencias, nos adentramos en un lirismo íntimo. Surgen las imágenes que procedentes de lo telúrico, nos hablan del calor en torno a la mesa redonda”, del vino interior, de almendros, de arroyos que corren sospechosos, de las heridas que causa el bermellón de las rosas.
Luego, en un hondo juego de violar límites, se mete en el ombligo de la tierra y nos advierte: “Eso que oyes es el juego de los hilos que cuentan historias: hubo una vez una princesa que se engalanó…” y un doce de julio granadino la implicó en la luna.
Prólogo de “la sabia insinuación de las cosas”, por Luis Landero, premio Nacional de literatura, premio nacional de la crítica.

3º LIBRO “LA SABIA INSINUACIÓN DE LAS COSAS

PRÓLOGO “LA SABIA INSINUACIÓN DE LAS COSAS”:
“con su peculiar libertad de imágenes y asociaciones sin fronteras, va expresándose de un modo que, cuando lo hace en prosa ésta no deja de ser verso en su hondo sentido. Se trata de una conjugación, de una interpretación. Es como si el verso expandiéndose por una prosa sin límites, una prosa obediente al hálito poemático.
A veces de la sensación de que va a aparecer Platero, el borriquito Juanramoniana, sin que por su inocencia, se dé cuenta en el mundo en que se mete. Porque la afectividad, en el lirismo de Salomé no hay inocencia: “¿No es cierto que este camisón de flor de manzana es suave como mis cabellos?”. Queda claro, que el modo expresivo de Salomé es un mundo en libertad.
Su autora entronca con distintas vías por las que ha discurrido la creación literaria contemporánea. De ahí su peculiar manera, su sugerente modo de comunicar por la vía racional o irracionalmente poéticas las historias que nos cuenta.
Parece decirse: Yo dejo manar la fuente afectiva, sentimental, para que trascendiéndome, supere, lo sicológico y entre, libre, automáticamente, en el mundo totalizador de lo poético. No nos extrañe, pues su peculiar derrame de asociaciones imaginativas, de encabalgamientos, “del porque sí en libertad.
Ahondando en las frases como “yo voy a la desesperación en el agujero de la aventura”, me voy para resolver el contorno y el fondo de mis sensaciones” y proclama concreciones como la siguiente: “Tu rostro es mi verso más estimado”. Porque en definitiva, toda esta búsqueda, toda esa introspección, todo este anhelo poético existencial que, tanto espiritual, como corporalmente, estremece la sensibilidad de Salomé, puede concretarse en un rostro.
Claro que ella cuando transciende lo sicológico, “Puede caminar un rato detrás del frío y parecerle la noche en su hora, en su momento, una noche en donde duele el mundo”. “…Convivir ahondar en el mundo expresivo de Salomé Ortega, es una incitante aventura para la sensibilidad.

PRESENTACIÓN “LA SABIA INSINUACIÓN DE LAS COSAS” EN EL CÍRCULO DE BELLAS ARTES DE MADRID POR LUIS LANDERO:
“…Me ha gustado mucho, “LA SABIA INSINUACIÓN DE LAS COSAS”. Es un libro con un lenguaje fresco, lleno de transparencia y muy sensual de manera que al leer además, tocamos, vemos, gustamos, oímos, e impone al lector una sensación muy próxima, casi hiriente, de realidad. Me gusta la nitidez de las emociones, el modo tan limpio y exacto de rescatar de la memoria pequeños episodios donde el sentimiento de pérdida se contrapesa, con el pozo de la recuperación de aquellas vivencias a través de la palabra. Sabe captar sensaciones muy sutiles y a veces consigues sugerir y matizar lo casi evanescente: “LA SABIA INSINUACIÓN DE LAS COSAS”, un título, justo y muy bonito. Hay fragmentos que son una verdadera  fiesta para los sentidos. Yo creo que sobre todo sabe mirar, arrancarle a las cosas lo singular, lo intransferible.
También creo que consigue un gran equilibrio entre la narración y la lírica. Más que prosa poética al uso, yo diría que se trata de narración poética, o de poesía narrada. Nos cuenta siempre algo, y bajo el relato hay como un hilo lírico que pone en tensión la prosa y le da un sentido más allá de la peripecia. Me gusta la delicadeza con las palabras y trato a la vez sencillo y a la vez refinado que tiene con ellas.
Posee un léxico rico, que usa con propiedad pero sin hacer ostentación de él . A veces percibo ecos de Emily Dickinson y a veces de de Azorín y Juan Ramón.
Luego en “UN MUNDO ABREVIADO”, hay una voz más pasional al menos en apariencia. Es una voz, más oscura. Habla de zonas más profundas o más enigmáticas, del alma. Pero es igual de hermosa…”
Rafael Guillén, premio Nacional de Poesía, participa en el prólogo y en la presentación de “la sabia insinuación de las cosas” junto con Antonio Sánchez trigueros, catedrático de literatura, en el palacio de la Madraza, en Granada.



RAFAEL GUILLÉN:
“Me ha gustado mucho “LA sabia insinuación de las cosas”, ese desbordamiento de la naturaleza y esos recuerdos, las descripciones casi cinematográficas, se toman íntimas no se sabe en qué momento…” “….en “ Marguerite, la narración a grandes pinceladas, de los relatos Marguerite y Emily…consigue transmitir un gran aliento poético y una inusitada riqueza de imágenes…”.

4º LIBRO “DÉJAME SER TU DERROTADA ESTRELLA” 
 Déjame Ser tu Derrotada Estrella”. Acompaña al libro un CD. Acompaña al libro un CD. Textos: Salomé Ortega. Guitarra: José Gras. Canciones: Luís Eduardo Aute y Amancio Prada. Lecturas: Luís Eduardo Aute, Amancio Prada, Andrés Aberasturi, Ramón Trecet, Andrés Sorel, José Carlos Plaza, Lolo Rico y Salomé Ortega.
PRÓLOGO DE JORGE URRUTIA: PALABRAS PARA ESTRENAR UNA NOVELA
Curioso título el de este libro. Quiere el sujeto que habla ser una estrella, sí, pero derrotada, perdido su rumbo, su derrota. Ya no pide sino ser una estrella, un astro dependiente. Convencida –pues es una mujer, una estrella- de que la vida que se vive no conduce a satisfacción alguna. La sola felicidad posible es, tal vez, saberse protegida, brillar con la luz que la otra persona pudiera cederle.
Dice hacia su final el libro: El cielo se ha oscurecido. Las sombras de las dunas son inmensas, como mi soledad. Mi complacencia era tu mirada. Claro es que la complacencia no es exactamente la mirada del otro, sino el saberse mirada, el saber que el otro la mira y por esa mirada cobra luminosidad, es estrella. De esa luz deseada puede serse satélite, girar en su torno. Vivir para el otro.
Y, más adelante, en la conclusión decida del libro: El destello de la vida volvía a abrir sus puertas. Por lo tanto, la otra persona puede traer vida, porque la luz que posee es la vida que puede dar, la vida por la que se vive, la luz por la que se vive, por la que nuestra protagonista vive. Pero es una luz fugaz. Sólo un destello. Instante del instante. Instante supremo el instante, pues es el que otorga la vida y, en un simple y mínimo instante se da la vida. ¿Podrá sobrevivirse al instante, al destello, a la luz entregada esa décima de segundo fatídica? Todo queda en las manos  de un destino incomprensible y, en todo caso, queda para otra novela.
Esta novela de Salomé Ortega que ahora tenemos entre las manos –poeta también, como el título denunciaría si no supiésemos de su obra anterior- es una narración de la desdicha y del desamor, aunque tal vez lo uno acompañe siempre a lo otro. Tiene momentos de novela iniciática: se emprende un viaje necesario para conformar a la persona; curiosamente retazos de novela gótica en ciertos ambientes y mucho de novela en la novela, porque cada personaje cuenta su historia. Pero todos los procedimientos narrativos sirven para conducirnos al amor y a la desdicha. Si Emma, la que parece ser personaje sustentador principal de la historia, acaba aceptando, levemente esperanzada, una compañía no es sino por esto mismo, por la compañía, porque el fracaso sería demasiado completo  de no admitirse el clavo ardiendo precisamente por la luz que puede dar.
Ansia de amor y compañía parece tener nuestro personaje y Salomé Ortega le ofrece la palabra precisa para que su peripecia esperanzada y dolorosa llegue hasta nosotros. Hay mucho de entusiasmo, también mucho de inocencia. Pero sin el uno y sin el otro no habría literatura. A la vez, hay mucho de desesperanza. Y otro tanto de conformismo que no quiere confesarse.
Presentación de la novela “déjame ser tu derrotada estrella” por Andrés Sorel, escritor y secretario general de ACE (asociación colegial de escritores de España):
“…Los géneros literarios no existen. Solo existe la literatura y la literatura es la búsqueda de la belleza, para buscar esa belleza hay que crear un lenguaje, o retomar, profundizar,  retocar recrear ese lenguaje que desde hace tanto siglos nos viene dando lo mejor del ser humano crea, ese lenguaje y son ideas aunque a veces las ideas se confunden con los sueños, es narrar poéticamente las cárceles del alma de quien a través de sí mismo o de sus ojos contempla el mundo. En esa literatura encontramos en numerosas ocasiones escritores que rendían culto al lenguaje para ellos el lenguaje era la suprema expresión para acercarse tal vez a la música de los dioses. Cuando leo me gusta cerrar los ojos y ver imágenes aureoladas por  la música de las palabras.
Todo eso es de pronto me sitúa ante una obra intemporal y atípica, intemporal porque enlaza con esa obsesión, con esa persecución de las palabras, de escribir los más profundos sentimientos y ahí se enredan los temas que subyacen desde siempre en la creación, el amor, la muerte la soledad, los recuerdos, la búsqueda de los dedos que han de asirse a unos dedos para que a través de sus ojos dos personas puedan derrotar las circunstancias adversas de su vida, muerte y vida, soledad y amor, pintura de un tiempo que puede transcurrir en nuestros días, como pudo tal vez llevarnos  a años atrás en unos personajes,  personajes perfectamente creados aquí se insinúa aquí no se afirma, no se entra en el infierno tan común a las  obras de nuestros días de describir con la mayor rudeza vulgaridad y feísmo posible lo que ocurre aquí pasan cosas pero como es la literatura,  como es la belleza lo que pasa queda tamizado por esa mano mágica, que va describiendo a seres sobre los que aletea también los celos el engaño incluso el mundo tan terrible de la droga todo esta insinuado pero velado por ese lenguaje tan bello de las palabras empleadas por Salome. Este libro que es como un pequeño océano a través del cual navega una maravillosa mujer, tiene compañera, va a encontrar a otro compañero va a ser enredada por..., a veces se insinúan cosas que ocurrieron en la infancia, la muerte está presente también ahí, pero siempre sobre el cielo, se tejen nubes que pasan y pasan a las que ella se ase para desesperadamente cabalgar en busca de la vida.
Intentas continuar aquello que nos hizo soñar o nos creo espasmos de dolor, que no se termine, nosotros queremos en ese sentido darle a la literatura lo más hermoso que ella tiene quizá la inmortalidad.
Hay una línea continua que viene desde aquel lejano cantar de cantares, del amor del esposo y la esposa y que lleva a la espesura de San Juan, a las cárceles de Santa Teresa, que no ha dejado ni un momento de fluir en lo más hermoso que puede el creador concebir, el hacernos sentir la grandeza del amor, la hondura de la pasión, la necesidad de la comunicación. Pero no renuncia transitar en ese hermosísimo barco por esta poesía a hablarnos también de la realidad aunque siempre insisto de una realidad poética, desnudada de lo que muchos editores quieren en nuestros días: feísmos, carnaza, sensacionalismos, que nadie busque esto afortunadamente en esta obra, que él que la coja le tiemblen sus manos como si estuviera acariciando a palomas heridas que le miraran con sus ojos demandándole caridad, amor, calor. Esa  realidad no la huye pero la expresa de una manera sorprendente.
Un día, vimos a Emma en su casa, se ahogaba, quería libertad, salió, como un tren cruzó paisajes llegó a Inglaterra, allí de pronto encontró, una mirada, unas manos y un misterio, porque también las brumas el misterio son materia de la literatura y a partir de ahí el amor, el amor que siempre tiene el peligro del desamor, de la muerte, pero hay tanta amor en estas páginas, contiene tantas ansias de vida, hay expresiones en esta largo poema narrativo en este cantar moderno de cantares que uno cuando está aquí solo puede dar las gracia a Salome.  Estamos hablando de literatura tan difícil en el siglo XXI y qué difícil es eso en estos días. De literatura querida Salomé, la que tu creas y que hermoso es eso en esta tarde de primavera.

5º LIBRO “LA ALFOMBRA DE LA PALMERA Y LA MEDIA LUNA”
 Presentación por José Luis Abellán, presidente del ateneo de Madrid, por Jorge Urrutia catedrático y escritor, (hijo del gran poeta y premio nacional Leopoldo de Luis), Emilio Porta, escritor  y publicista, creador del nombre de los trenes de alta velocidad “ave”                        
PRÓLOGO DE “LA ALFOMBRA DE LA PALMERA Y LA MEDIA LUNA”
Por José Antonio Marina, catedrático y Premio Nacional de Ensayo:
Mientras leía las poéticas páginas de Salomé Ortega, recordaba la conmovedora elegía de Rainer María Rilke, que comienza:

                ¿Quién, si yo gritase, me oiría desde los coros
                de los ángeles? Y si uno de repente me tomara
                sobre su corazón, me fundiría contra su más potente
                existir. Pues lo bello no es más que el comienzo
                de lo terrible,

        Estas cartas a Fátima son, sin duda, un grito que desea ser escuchado. Una protesta bella y terrible. Haber acertado a unir ambas cosas es el gran acierto de esta obra. La delicadeza del estilo no suaviza el dramatismo de la historia, ni la urgencia del mensaje. Trata de la crueldad que desbarata el apacible reino de lo cotidiano.
        “Me gustaba ayudar a mamá, me subía en un taburete para alcanzar el saquito
        de trigo, y lo ponía a cocer en una olla con leche y un palito de vainilla, mien-
        tras se hinchaba, observaba por la ventana, la cotidianidad, el ruido de las cace-
        rolas, el aroma estimulante de la canela, y la austeridad de las lentejas”.
        El paraíso era mirar el mundo desde una alfombra. Pero ese refugio sereno es invadido por la violencia más indigna, que es la que  pretende apoyarse en ideas morales o religiosas. Esta es la historia de la mutilación de una niña ante el sumiso silencio de todos sus familiares y vecinos. Conviene leer el terrible relato de ese crimen, porque una modorra tolerancia puede convertirnos en colaboradores de la crueldad.
        Salomé Ortega ha escrito unas cartas delicadas y valientes cuya lectura les recomiendo. No sé si la oirán los coros angélicos, pero al menos deberíamos escucharla los  insensibles y distraídos habitantes de la tierra.

INTRODUCCIÓN de “la alfombra de la palmera y la media luna” por NOÉ DE LA CRUZ, catedrático y escritor:
“La alfombra de la Palmera y la Media Luna”  de Salomé  Ortega es un grito a la injusticia, un grito a la ignominia, un grito a la cobardía, un grito a la hipocresía de la sociedad que lo hace,  de la sociedad que lo permite, de la sociedad que lo lamenta con palabras, pero tienen muertas las acciones, muertas las decisiones, muerto el obligado compromiso de la dignidad humana. Gritos de poesía lanzados al viento, al huracán furibundo que lo lleva raudo a los oídos muertos.
No se puede decir más, de manera tan clara, en tan pocas palabras, tan bellas, para describir atrocidades de las que está la vida llena. Describe la muerte y la destrucción del alma de adolescentes puras, por el solo hecho de haber nacido mujeres.
No necesita Salomé utilizar el vocablo para comunicar magistralmente la bestialidad de su contenido, de su significado: ablación, extirpación ... con bisturí y, como es lógico, con anestesia de un órgano enfermo.... ¡Qué suavidad de expresión¡. Hasta la propia palabra es agradable al oído y poética.  Ablación del clítoris con “navaja de barbero y aguja de coser serones ...” Se nos cambia bruscamente el semblante, se nos corroen por dentro las entrañas. Pero no pasa nada, todo sigue igual.
La primera acepción aparece en todos los diccionarios; la segunda, brilla por su ausencia, incluso, en el más moderno diccionario del Español Actual. Será porque es tan cruda la realidad, que es mejor que no aparezca. O acaso porque,  Según muchos, “¿No se exagera con eso? Serán cosas que ocurren en los países del África profunda”.
 Pues no, no se exagera; es lo habitual cada día en los abismos de creencias religiosas profundamente erróneas. Millones de mujeres en todo el mundo están sometidas a esta crueldad y a la obligación del sacrosanto silencio, desde el África profunda a la superdesarrollada, cultísima y democratísima Europa, la Europa del estado del bienestar  y del culto a los derechos humanos, pero tolerantes con los ejecutores de semejante atrocidad, para no contrariarles, para que no se enfaden.
 El mundo no andará por el camino adecuado mientras no se desprenda del lastre de los fundamentalismos, ya sean ideológicos, políticos, religiosos o nacionalismos excluyentes e imperialismos destructivos. Unos y otros están impidiendo afrontar temas básicos de los derechos humanos, que terminan siendo secundarios, cuando no banales para quienes tienen que poner los medios para resolverlos.
Salomé es maestra de la palabra, desliza poéticamente las frases, y así, como quien no dice nada, dice todo esto y mucho más,  sentencia en pocos sonidos la descripción de toda una hazaña: “Colmé de brebaje las tazas”. “...... Sujeté aquel colgajo con asco y lo rebané”.

Gracias Salomé por tu valentía. Habrá quien diga que eso está arraigado profundamente en una cultura. Eso no es cultura, eso es una aberración de unos seres humanos contra otros. Seamos todos  valientes para negar el derecho de ser, de existir, de permanecer por más tiempo semejante atropello de la dignidad humana”.

PRESENTACIÓN por José Luis Abellán, presidente del ateneo de Madrid, por Jorge Urrutia catedrático y escritor, (hijo del gran poeta y premio nacional Leopoldo de Luis), Emilio Porta, escritor.

Artículo en el periódico “EL MANIFIESTO” POR JOSEP CARLES LAÍNEZ
LA ABLACCIÓN JUSTA

Salomé Ortega obtuvo el año 2007 el VI Premio Internacional de Relato Corto “Encarna León” de la Ciudad Autónoma de Melilla con su obra La alfombra de la palmera y la media luna (Madrid, Sial, 2008). Se trata de una nouvelle con forma epistolar donde una muchacha africana, recluida en un correccional español, le cuenta a su hermana difunta los recuerdos de aquellas tierras, su vivencia de la feminidad, y las experiencias que la muerta nunca pudo conocer…

El lenguaje de Ortega es hermoso. Los fragmentos pueden leerse incluso como pequeños poemas en prosa, aislados de cualquier contexto: con la mirada encandilada captada por los sentidos, las dádivas del desierto son la claridad del cielo y las dunas heridas por la pureza, el horizonte roto por una estrella de lumbre, un filón de forja candente, horneado en la arena, en el silencio de la soledad indómita (p. 24). Se trata de cuasi letanías de frases eufónicas, de imágenes exóticas –y, por ello, falsas–, con las que Salomé Ortega narcotiza al lector arrullándolo en sus brazos: los frasquitos verdes y dorados de perfume, los pastelitos de almendras, que me hubiera comido con precisos sorbos de té persa, o la alfombra de arena sobre la que me hubiera echado en el desierto como una niña herida por la penumbra del ocaso (p. 26).
Sin embargo, el objetivo de la autora no es, ni mucho menos, la evasión, sino mostrar la brutalidad. Y ésta se nos va a desplegar muy pronto, en la tercera carta, cuando, a la hermanita pequeña, su padre, su hermano y un carnicero le realizan la ablación genital: extirpación de los labios menores y del clítoris, y cosido de los labios mayores. Tan sólo dejan un pequeño orificio para la evacuación de la orina. En la noche de bodas, el marido, siguiendo las tradiciones, cortará la atadura para desvirgar a la menor. La protagonista, sin embargo, no llegará a ser vendida y casada, sino que morirá a consecuencia de la herida. La crudeza es un arma de nuestra escritora: mamá llamó a un curandero oscuro, con una boca desdentada, y una cara flaca sazonada de sarpullidos, habló de infección en el tracto vaginal, no entendí lo que decía, echó un vistazo a la dolorosa abertura y la cicatriz prominente estaba llena de quistes, los cuales eliminó de un tajo con un cuchillo (p. 39).
No sé si este libro inaugura un género nuevo, pero a los fans del 68 igual les guste el de novela protesta. Salomé Ortega se mueve bien en un modo de escritura muy difícil, el de la novela lírica, y con registros tan variados como los ensueños infantiles y la violencia extrema. Porque la hermana que escribe las cartas está en un correccional por “algo”, y la descripción de ese “algo”, de esa ablación justa, al final del libro, es terriblemente turbador, y asimismo liberador para ella y, supongo, gozoso para los lectores y la autora.
La alfombra de la palmera y la media luna de Salomé Ortega, y en ello inciden el prólogo de José Antonio Marina y la presentación de Noé de la Cruz, denuncia, desde la literatura, una realidad tristemente abundante en Europa: la práctica de la ablación, la muerte por complicaciones tras ese intento de asesinato, y la denigración psíquica y física de la mujer en muchos pueblos del tercer mundo, tomándolas como bienes materiales y objetos de consumo. Ante la barbarie, no cabe el diálogo, sino la mano dura. Y la mano dura para quien lleve a cabo una ablación genital, en un Estado de derecho, habría de ser cárcel, pérdida de la patria potestad, y expulsión de Europa con pasaporte sellado de por vida.
Espero que haya muchos lectores de esta novela, y que a través de sus páginas, y de lo vívido de sus imágenes, sepan que hay determinadas gentes y prácticas con los cuales los europeos no podemos, ni debemos, convivir.

6º “LIBRO PERDÍ LAS ESTRELLA”

EL LIBRO “PERDÍ LAS ESTRELLAS” COMPUESTO POR DOS NOVELAS CORTAS:
El poeta debe perseguir y persigue, ante todo, la palabra nueva. Los temas auténticos son los de siempre –el amor, la naturaleza, la muerte, el misterio de la vida y de las cosas-, los que aparecen y tiemblan precisamente en este libro. Ahora de lo que se trata es de metamorfosear la palabra de siempre en palabra viva para no repetirse, para que el poema se salve, para crear el nuevo fulgor. Esto es lo que sobre todo persigue y logra Esta ausencia tuya, el último libro que conozco de Salomé Ortega.

MEMORIA Y OLVIDO PRÓLOGO DEL CATEDRÁTICO ANTONIO SÁNCHEZ TRIGUEROS:

LA RIQUEZA SENSIBLE DE LO COTIDIANO (prólogo)
Hace un siglo el gran proyecto de la cultura española, regeneracionista y sobre todo modernista (basta ya de la falsa segregación a la que se alude con el marchamo de “generación del 98”), se basaba en un desarrollo necesario de la sensibilidad en la vida y los espíritus de amplios sectores de la población. El proyecto quedó interrumpido por el más cruento acontecimiento de nuestra historia e inmediatamente recomenzó al margen y aun en contra de la vida oficial, y cuando creíamos en la posibilidad de seguir avanzando por ese camino, de nuevo ha quedado suspendido en este último fin de siglo por el apoyo programado de un formalismo pedagógico y materialismo tecnicista instalado en nuestro horizonte formativo. Por eso debemos seguir luchando con todas las armas poéticas y culturales a favor de aquel proyecto de sensibilización profunda y, en este sentido, los libros que conozco de Salomé Ortega (La sabia insinuación de las cosasDéjame ser tu derrotada estrella y el que ahora el lector afortunado tiene entre sus manos) se sitúan en esa trinchera valiente de revalorización y enriquecimiento espiritual que nos sumerge en la percepción luminosa y sensible de las vivencias cotidianas y variadas experiencias de la realidad.
Este nuevo libro, Memoria y olvido, es un regalo, un verdadero regalo para el lector inteligente, donde se ensartan recuerdos que van desgranando la remembranza de las pequeñas sensaciones y detalles vividos en los momentos más tiernos de la vida, recuerdos de experiencias que basculan entre la ciudad y el campo: las sorpresas de la abuela guardadas en su mágico delantal, la despedida del alegre entorno rural y el claro sentimiento de pérdida, los contrastes extraños ofrecidos por la capital y las nuevas sensaciones urbanas, el paso de las estaciones del año con los juegos de la primavera, el reencuentro con la abuela en el verano campestre, los paladeos otoñales de la vendimia, las alegrías y tristezas de la navidad, y además la atenta contemplación de las habilidades costureras de la madre, su primera y sufrida experiencia de espectadora taurina y las felices tardes de cine, sus suspiros y lágrimas de colegiala novata, la lluvia tras los cristales al calor del hogar, la emoción infantil ante el mar descubierto, los sueños que inspiraba la audición de la radio, la fruición del maíz al compás de las leyendas, la primera sensación de un cigarrillo entre los dedos, el gozo ante las ondulaciones del cuerpo adolescente, la cercanía protectora de la madre y la lejanía del padre en la penumbra, y el ahora, un ahora feliz de familia, naturaleza y escritura.
Ya con motivo de la publicación de La sabia insinuación de las cosas destaqué los valores de su narratividad lírica y de su sencillez expresiva, esa sencillez casi virginal tan necesaria para oxigenar el alambique en que de vez en cuando e inevitablemente acaba encerrándose la prosa literaria. Es –añadía yo entonces– como volver a las raíces de la poesía, a las bases de la escritura, a la aurora de la belleza del lenguaje. Y en estos juicios me reafirmo ahora al leer con aquel mismo placer este conjunto de viñetas líricas, poemas narrativos en prosa, que conforman Memoria y olvido, donde la sencillez expresiva va sembrando de matices sensibles y nuevas sensaciones los recuerdos sobre todo de infancia y adolescencia que la autora nos entrega en esta nueva ocasión. La poesía aflora aquí por todos lados, la narratividad se apunta y se detiene, los ambientes tienen el calor de la vida, a los personajes se les oye latir el corazón y el correr del tiempo fluye suavemente ante los ojos del lector que una vez más experimenta el placer de la lectura con estas bellas miniaturas literarias de Salomé Ortega.
ESTA AUSENCIA TUYA, (segunda novela de “Perdí las estrellas”)

Prólogo de Antonio Colinas, escritor y Premio Nacional de poesía
        Hay luego en este libro una atmósfera que también lo distingue. Es una atmósfera que el tema tratado lo exigía: una atmósfera de belleza y de muerte, pero sobre todo de memoria, de tiempo pasado, fértil, que la autora evoca y convierte en poema. Salomé Ortega también sabe “descender” en esta aventura suya que supone buscar la palabra nueva. El mundo de la infancia, el lenguaje humilde, la evocación, los diminutivos, son como las coordenadas que va perfilando el tono de su libro. Resulta así la memoria no sólo un medio ideal para testimoniar sobre los temas tratados, sino también un medio para superar a la mismísima muerte. De tal manera que esa persona, Dorothy, que anda por los poemas, acaba siendo signo, acaba siendo símbolo.
        Resultan así los textos no testimonios meramente “fotográficos” o sentimentales, sino dimensión creativa, texto valioso que se salva y que nos salva a los lectores. Nos salva en la medida en que nos transmite un mensaje fresco y natural, emocionado: convincente. No es usual en los tiempos líricos que corren encontrarse con un texto que como éste revela otro mundo. Otro mundo que está en éste, pero que la palabra del poeta logra salvar gracias a esa metamorfosis de que comencé  hablando.

PERDÍ LAS ESTRELLAS FUE PRESENTADO el escritor, Javier Lostalé, (miembro de la academia de la lengua de Castilla y Leon, y presentador del programa sobre poesía “la estación azul”, de radio nacional de España). También participó en la presentación, que tuvo lugar en el Corte Inglés de Madrid, José Luis montero catedrático de historia y escritor y el  director de ámbito cultural del Corte Inglés, Ramón Pernas.

7º LIBRO “EL FRIO QUE ME VELA”

PRÓLOGO de Emilio Ruíz Barrachina, escritor y director de cine.

         Sencillez y poesía directa vuelven a tejer los versos de este poemario que destila color, otoño, melancolía y esperanza entre sus páginas. Salomé Ortega, con versos cortos, al estilo de los “haikus”, afrontando una poesía sin tapujos, nos sumerge en su mundo de sueños y recuerdos, en su deseo de vivir en la tranquilidad y la esperanza de quien sabe irrecuperable un esfuerzo entregado al tiempo que no tiene retorno. Las agujas del reloj la han desgajado en su caminar imparable en un cúmulo de versos que persiguen eternidades y ahuyentan miedos. En este sentido, la poesía de Salomé es una poesía reparadora, de sanaciones del alma, pero que, en su escritura, extiende un bálsamo de sosiego que ella administra perfectamente a través de la luz.
La obra está impregnada de romanticismo, entremezclado con preguntas fundamentales como los que expresa en el poema “”El temblor, un verso”, donde se cuestiona el arquetípico “¿quién soy?”, a la vez que trata de vivir los sueños que la evaden de la realidad.
Hay una constante lucha entre esa vivencia, unida en muchas vidas, no sólo en la de la autora, que aúna en la misma persona el sentir de poeta y el sentir femenino.
Los diferentes poemas que componen la obra van desde un nostálgico y colorido “El frío que me vela”, repleto de paisajes bucólicos, externos e internos, amor con un tinte de trasnoche, y una naturaleza con espíritu de bodegón donde flota el aire de algunos amores, hasta la dureza de “El suicidio de una mariposa”, donde la luz se apaga y abre paso a una oscuridad amarga. En medio transitamos por otros versos recogidos en “Haz de Luz”, o el más romántico “En las azuladas sombras Amelie llora”, todos ellos en una constante autodefinición, un sacarse de encima la vergüenza y un reconocimiento de bondad en su existencia. Afirma Salomé: “Lo oscuro, ordena las sombras”.
Para la autora, y lo ha expresado así en libros anteriores, la vida es sueño, calderoniana, pero también es camino. Sus palabras favoritas están relacionadas con la luz, hasta afirmar: “Venero la luz / en los infinitos astros, / y el cobijo de colores / en la raya del horizonte”. A fin de cuentas la vida no es más que una sucesión de caminos más o menos iluminados que vamos recorriendo, a veces entrecruzados, a veces paralelos, pero que siempre avanzan, inexorablemente, hacia la meta última de la muerte, que es el círculo que se cierra de la vida. Llegar al final es llegar al principio.
            Salomé es una luchadora. Una lucha que trata de conducir a la sabiduría. No es nueva tampoco la hipótesis de que la lucha conlleva a cierto grado de espiritualidad. Salomé entiende de otra manera la lucha, no esa guerra desaforada, sino una lucha diaria y permanente de la que a menudo sale vencedora y sale vencida. Porque sólo sabiéndose vencida es capaz de renacer y reafirmarse en el principio femenino. No es menos cierto que la sabiduría conduce la más de las veces hacia la soledad. Salomé tiene su propio universo poético, en el que reina rodeada de espejos y soledades.
La poesía es toda de estilo libre. Libre en el estilo y en los llantos. En la mejor tradición del verso sin rimas ni ataduras está expresado este libro de Salomé Ortega. No creo otra forma mejor de expresión para sus ideas.
“¿Quién soy?, se pregunta la autora. Son reflexiones no exentas de dureza crítica, a la par sinceras, pero que siempre apuntan a un deseo de superación.

“¿Y si me muero ahora?
¿alcanzarán la luz los pájaros
antes que mi alma?”

La vida, la muerte, son hilos de luz que componen el tapiz de nostalgias que discurren por las páginas de este poemario, reconocible en el estilo de Salomé Ortega.

PRESENTACIÓN DEL FRIO QUE ME VELA, POR PEPE VIYUELA, MANUEL LOPEZ AZORIN, LUIS GARCIA MONTERO.
EL FRIO QUE ME VELA PRESENTADO EN EL CORTE INGLES, POR PEPE VIYUELA, actor de series como “Aida” y películas como “Mortadelo y Filemón, o el “Pisito”. También es escritor y poeta:
             Sentado a esta mesa me pregunto ¿qué hago yo aquí entre tanto poeta? Y enseguida me respondo con otra pregunta: ¿la razón es quizá que yo también amo la Poesía, que he gozado enormemente de ese temblor misterioso que brota de los versos y los llena?
Sé bien que normalmente la Poesía no habita en los todos los poemas, ni siquiera en la mayoría, que el poeta es aquel que intenta laboriosamente dejar entre los versos un pequeño fulgor, un pobre atisbo de aquello que persigue y que es en sí misma la Poesía. Pero también sé que eso no siempre es posible, que no siempre se consigue.
Yo también participo de la excitación que supone estar constantemente a la búsqueda de ese extraño fantasma, de ese mágico proceso irracional que nos lleva a convertir lo que vemos, lo que pasa por nosotros, en poemas, esos lugartenientes enanos de la Poesía, precisamente aquello que siempre está en fuga y se burla constantemente de nosotros dándonos esquinazo. Sencillamente porque en eso consiste su esencia: en resultar enormemente fugaz, apenas aprehensible, altamente inflamable, mudable, fragilísima y con alas.
Hay mucha Poesía en la búsqueda, en ese acto de persecución que suele transcurrir por los arrabales de nosotros mismos, ese pretender atrapar las sombras que nos habitan y nos hablan en un lenguaje intraducible y que nos lleva a estar siempre en movimiento, siempre en un estado de alerta, de insomnio que nos aleja de la vigilia y nos lleva a atravesar grandes espacios fronterizos, cruzados por ríos que vienen del sueño y provocan mares de dudas.
           Por eso quizá se pueda explicar mi presencia en esta mesa esta tarde: porque yo también participo en esa búsqueda, en ese rastreo, porque voy detrás de los poetas y les copio
los ademanes. Como un reportero sin sandalias, los sigo de lejos y asisto a sus acciones, los leo y los releo e intento contagiarme de esa admirable locura que les tiñe la piel de un color que recuerda al de los ángeles caídos.
Sigo a los poetas y ellos me llevan por parajes inauditos y bebo de sus cantimploras olvidadas, me alimento de los versos que van cayendo de sus bolsillos y a veces les robo palabras para construirme refugios que me ayuden a pasar los inviernos y a hacer posible que el viaje continúe.
Y de este modo, siguiendo también a Salomé Ortega, he llegado hasta aquí esta tarde de invierno con ecos de nieve y un frío que pela y que me vela.
            Al terminar de leer la primera vez “El frío que me vela” sentí haber sido testigo de una hermosa nevada, de un lento caer de imágenes cargadas de belleza. Hay en sus páginas una visión panteísta que acaba por volver sagrado todo lo que toca. Un panteísmo inverso que no busca a dios en lo que ve, sino que lo pone con mirarlo.
Los ojos de Salomé Ortega, ojos, sin duda, de poeta poseen el filtro del lirismo, y desde “El frío que me vela” nos llega el contagio y acabamos hermosamente enfermos de Poesía, recibimos el reflejo de esa mirada y ya estamos tocados de locura.
Al terminar de leerlo por segunda vez ya estaba cubierto de blanco y nevó sobre nevado. Blanco sobre blanco, mi paisaje se algodonó aún más y la dulce melancolía que desprenden sus versos comenzó a calar en mí de un extraño modo, ese que provoca la mirada dulce y esperanzadora a pesar de todo, ese que es capaz de cantar un blues mientras al otro lado del cerro retumban los disparos.
En medio de un universo cargado de alambres y de acero, de asfalto y dinamita, de neutrones inflados como el arroz del desayuno, surge la mirada de Salomé hacia el aire y los jardines, a la gota de agua sobre el pétalo, al brillo de los ojos, a la firmeza de las montañas y la distancia remota de sus cumbres. La firme resistencia de quien se aferra a lo esencial, a lo vagamente eterno, para vencer lo transitorio que amenaza con tragarnos.
Como a un claro en el bosque, llegamos, durante su lectura a un lugar en el que la luz es distinta y donde quizá no quepa el pesimismo; como mucho algún reflejo remoto de lo que pesa vivir, pero siempre superado por un alma que reflota, un alma insumergible que acaba por resurgir de entre la espuma, los remolinos y el fango. Indestructible ante el envite del torbellino y de las rocas.
Desde su delicada nostalgia por lo bello, “El frío que me vela” nos transmite una confianza serena y firme en las pequeñas cosas, en las que verdaderamente importan, esas que la mayoría de nosotros apenas vemos, pero que pueden llevarnos, en la experiencia de vivir, a lo más parecido a ser felices: hojas de menta, soplos de sombra, un humo de haya quemada, suicidios de mariposas, veletas indecisas, caracolas que aúllan en naufragios o las penas azuladas de los días.
Las palabras que nievan en “El frío que me vela” también nos desvelan del sopor del que sólo sobrevuela lo vivido y deja pasar inadvertidos los momentos que Salomé sabe conservar en el microclima del poema, para hacérnoslos llegar de modo que se despierte en nosotros el ansia de buscar, de abrir los ojos y encontrar en lo cotidiano la belleza, el pulso eterno de lo vivo y que las más de las veces somos incapaces de apreciar.
“El frío que me vela” es una invitación a vivir no sólo con los ojos muy abiertos, sino con la piel alerta y el pecho de par en par, dispuesto a recibir todo aquello que  llegue hasta la puerta. Pero va aún más lejos, porque propone el entusiasmo de la búsqueda; nos invita a descubrir, nos plantea tomar partido y vivir creando, hacer posible el propósito de construir algo distinto a lo que nos procura un mundo gris y cargado carencias. No sólo invita a la contemplación, sino que va más allá: propone la acción, la búsqueda consciente de belleza en estas horas aparentemente pobres y desabridas que nos han tocado en suerte.
“El frío que me vela” es sencillamente un libro de Poesía… y de no todos los libros de poemas puede llegar a decirse eso. Enhorabuena a Salomé por tener la capacidad de escribirlo, enhorabuena a todos nosotros por tener la oportunidad de leerlo.


                                                       Madrid, 12 de enero de 2010

PRESENTACION DEL FRIO QUE ME VELA
     MANUEL LOPEZ AZORIN, POETA
      Transformar el frío del olvido
               en la vida de la página escrita
Empezaré diciendo que las palabras de Salome Ortega, a mí me parece que se nos muestran como unas palabras que  son albahaca y flores azules/ de romero, Palabras que nos llegan porque antes se han producido instantes de alegría y de temor, de esperanza y de duda, de desconcierto y de certeza, en definitiva: breves momentos de vida. Les leo algunos versos suyos como ejemplo. Uno: Los violines incendian el ocaso / y alumbran la melancolía. Dos: ¿Y si me muero ahora?  /¿alcanzarán la luz los pájaros / antes que mi alma?
 Salomé Ortega, con sus palabras, nos trae siempre, Un puñado de versos, un dulce manantial, una voz poética que se ve, se siente y, mientras susurra en nuestros oídos, calma la sed, alivia. En su rumor, se escucha el latido de la vida, su ternura, el tiempo, la soledad, el sonido de la naturaleza y el eco del amor.
(Hay que destacar en la prosa de Salomé Ortega, que me parece más cercana a la poesía que a la narrativa por su enorme carga de lirismo, de sencillez y de belleza expresiva que contiene.)
Tanto en su prosa lírica como en su poesía nos ofrece todo un mundo de sensaciones, desde la niñez y la adolescencia hasta la madurez y todo ello desde el recuerdo,  desde el sentimiento de pérdida impreso en la memoria del adulto.
En esta nuevo libro, Salome Ortega nos ofrece versos vinculados a la naturaleza, al amor, a la muerte, metafísica de la vida con versos de contemplación, de humanas inquietudes, iluminadores, oscuros… y siempre con el intento de atrapar, en la página escrita, ese instante que fue, que es o que tal vez sea por la vida y el tiempo, por la naturaleza y por el sueño.
Leer a Salome Ortega es llenarse de una luz distinta al tiempo que de siempre porque su voz es singularmente plural.
Nombrar con amor el mundo, los pensamientos, los sentimientos, darles vida a través de las palabras, como  atesorando saberes de filosofía oriental al tiempo que, también, esa filosofía senequista que simboliza al pueblo.
Sintiendo, como decía  Nietzche, que “esta vida, tal como ahora la vives y la has vivido, tendrás que vivirla otra vez y otras innumerables veces, y no habrá nunca nada nuevo en ella; al contrario, cada dolor y cada placer, cada pensamiento y cada suspiro, todo lo infinitamente grande y lo infinitamente pequeño de tu vida volverá a ti, y todo en la misma secuencia y sucesión;(…) incluso este instante”
En El frío que me vela, Salomé nos presenta el otoño como un suspiro del tiempo donde “la firmeza del viento”, que es como un lamento, y “el hechizo de un reloj” se llevan las hojas y las horas; pero no sus recuerdos, mientras tiembla la luz a la sombra del granado y en “las caracolas de los naufragios”. Tengo frío, / me cubren la noche /y las rosas. -Nos dice-
Salomé  siente frío, desespera de la indecisa veleta que  “gira sin norte” y se arropa con la noche y con las rosas mientras rememora: Las hojas de la parra /tienen un gesto vencido./ Las uvas y la sangre /resucitan en el vino Como símbolo de vencido cansancio nos presenta a la vid y, a su fruto, como una resurrección que nos circula en las venas tras beber el vino de la consagración de la vida.
Nos muestra la vida como la luz de un sol antiguo, como el “oro envejecido” del tiempo. Como un ciervo que patea la hojarasca que termina en el río, que va  a morir al mar. Es un crepúsculo de lamentos, un atardecer de luces vencidas que, sin embargo, colorean, como la lluvia, las hojas, el barro, la esperanza, aunque parezca, mientras la sombra lo envuelve todo, un cuchillo quebrado que salpica, con su rojizo reflejo de fruto de zarzal y acabamiento. Llegada la sombra de la noche oscura, sólo unos ojos “como gotas de lluvia”, de amor, alumbran las farolas de su oscuridad sin luna y sin espejo. El otoño de la vida le muestra su vencida tristeza y el temor de las horas de la noche se agranda: Para vencerlo, deja abierta la ventana para escuchar el canto del agua mientras escucha su corazón que presiente la llegada del invierno. Mi ventana está abierta/ El rumor del río /Mueve mi corazón
Nieve y melancolía en la estación invierno, la del último suspiro.
Para soñar la primavera: el pico de un mirlo “escapado entre las nubes” y el aroma del lauro. Y entre todos los sueños una luz que es destello, brisa del abanico de los versos, “mirada  viola/ de la poesía”, acequia rumorosa de cantos y árbol de frutos verde-bronce  que le trae la plenitud de la aurora, cuando el alba se sonroja junto a la luz del sol, y sueña, sueña, sueña  que la mañana “ya es una flor en el cielo” y que el invierno  acaba y anuncia que “viene la luz de rosa”, los “pájaros sonoros”, que hierve la vida nuevamente y “se riza la brisa” “como un revoloteo” de sueños azules y celestes para no ver la nieve del frío invierno  de la vida  La aurora  /ya es una flor en el cielo,/ viene la luz de rosa./En el rocío hojas nuevas / pájaros sonoros /  hierve vida, pero la luna anuncia el blanco vendaval y esta lucha, intenta soñar de nuevo: aroma de albahaca, de romero, traen un puñado de versos, instantes de vida frente a la nieve fría que ofrece el espejismo de las estrellas, de las flores de almendro y, sin embargo, una vez en sus brazos es lo mismo que el páramo, la fría soledad, lo inexistente y el olvido. La tarde de oro desaparece /Por entre los suaves rosas del horizonte/ Como yo,  / Por lo eterno me iré.
La memoria, mientras pasa la vida, renace como fénix de las cenizas del tiempo y atesora y muestra, hecha ya literatura, la vida que fue, la que es y la que no.  Rumor y mito por el agua del tiempo que nos  canta la canción de la vida. Salomé Ortega nos muestra, en versos que son como relámpagos de luz, todo lo que en ella vive. Así nos dice:
-Un pájaro diminuto,  /se posa en un lamento /y tiembla una  hoja.
-Despertaré un nuevo día  /creyéndome inmortal. /Si no me despierto, /me habré equivocado
Antonio Colinas ha dicho de ella que  “deshaciendo el verso al uso, huyendo tanto de la medida como de lo versicular (…) busca un nuevo cauce para su palabra y lo logra”.
Salomé Ortega ofrece una escritura refrescante, como la contemplación de un amanecer junto al murmullo del agua, que pasa y canta, cuando la luz comienza a adueñarse ya del atardecer y se convierte en un cromático cuadro pintado con los colores de la memoria que es, siempre para mí, como la poesía, el intento de atrapar  instantes  en la alacena del tiempo, para convertirlos en momentos mitificados e imperecederos.
-La poesía es la sal de la ola /que estalla en la luz
-Nómbrame / no sin Mí.
Salomé posee un lenguaje transparente, un lenguaje que se mueve entre lo onírico y lo real, es sugerente, de gran claridad y sencillez emocional y capta las sensaciones de tal modo que su escritura se convierte en un lenguaje rico en el concepto y en la forma.
-El amor  tiene  /la esencia del sol, /y de la sombra hace  luz. /EL TEMBLOR, UN VERSO.
-Un poema vuela, /porque es un ave, /una nube, /un relámpago,/ un alcance, un vacío, /un  liviano aire / en el reflejo azul /del infinito.
Sus metáforas, sus símbolos, sus paralelismos, su reflexiva sencillez, parece sacada de un cuento que entremezclase la realidad con el deseo de transformarla en otra realidad, ya surrealista, ya irracional, ya onírica, para convertirla en verdad nuevamente por la página impresa.
-Las estrellas. /las miro temblar/ un día seré una de ellas.
Salome es como una montaña de sueños puestos al servicio de la memoria para atrapar instantes de ayer, de hoy o de mañana y, re-creándolos con su imaginación, con su visión de las cosas, dejarlos, allí, en la cumbre, tocando el suelo al tiempo que el cielo de los sentidos.
-Anhelo el lugar de la Gran Luz  /Estar y no dejar de Ser.
Entrar en los textos de Salomé es, me parece a mí, como acercarse a la vega de Granada y oler el aroma de sus frutos. Como subir al Albaicín y sentir las raíces prendidas entre los encalados de las casas que preservan su llanto y su risa fundida, confundida. Es como llegar hasta la Alhambra y contemplar la Alcazaba, defendiendo, de todo lo externo, su interior. Es ir por los palacios Nazaríes para vivir de nuevo un tiempo ya extinto, pero como presente en el aire mientras los contemplamos. Es como pasear,  por los jardines del Generalife, escuchando el sonido del agua, que es vida, sintiendo el aroma que perfuma la memoria, la vida de nuevo, y regresar a la sierra madrileña, al Soto donde se respiran las alegrías y los temores.   La luna se mueve /en el vendaval de la noche, /huye, viene la nieve.
Aunque por el tiempo del tiempo que nos mece, como mece la luna en el cielo azul de las noches crecientes, sepa con certeza que tocará su fin un día cuando llegue la nieve del invierno. -Te hablo desde el sueño / Invisible de la luz /Donde retorna el río de la vida.
Mientras tanto, por la página escrita, la vida ya, literatura impresa, alarga la memoria, alarga el tiempo y el “frío del olvido” (el frío que vela a Salomé)  se desvanece y se transforma en otra vida, en otro tiempo ya sin tiempo, con la palabra escrita.

PRESENTACION DEL “FRIO QUE ME VELA” POR LUIS GARCIA MONTERO, catedrático de literatura y escritor, Premio Adonáis, premio Loewe, Premio Nacional de Poesía, premio Nacional de la crítica.
“…Creo que conviene destacar la singular calidad  de la poeta pero también la coherencia del volumen que presenta, coherencia que va más allá de los poemas. Es un libro que he disfrutado primero por los dos prólogos de Emilio Ruiz Barrachina y de Manuel López Azorín. que están los dos escritos desde el interior de la mirada poética y desde el conocimiento de la poesía de Salomé, coherencia por la sentida dedicatoria con el eje central de la desaparición paterna, dedicatoria que nos ayuda a comprender no ya el sentido del frío que me vela sino el carácter de la evolución de la poesía en la literatura de salome e incluso por las fotos que  nos ofrece sobre los paisajes de campo cámara, sobre el  pantano de la bolera sobre  miradas sobre del reino infantil de la autora, un reino evocado en los locales tenido la sensación al leerlo que para Salomé la poesía es un ejercicio de depuración, una depuración  en la que está involucrada con la misma fuerza con la misma exigencia la conciencia y la sensibilidad el mundo tiene mucha prisa y no es ya porque la vida sea un sueño como nos ha enseñado la literatura sino porque además hemos decidido vivir en sociedades que van con demasiada prisa van de cabeza y por eso mismo piensan con los pies. La poesía  es una reivindicación de la lentitud,  una reivindicación en la que las certezas de los dogmas son sustituidas por miradas personales, que no buscan su plenitud en los argumentos de autoridad sino  en la conciencia, en la sensibilidad de una mirada. Dueños de la propia mirada son los poetas, dueños de una mirada que necesitan para definirse en su relación con el mundo. Por ejemplo un dolor trágico invita al recogimiento interior el frio o la lucidez o el desamparo me velan, me vigilan, me acompañan, me  hacen abrir los ojos a una mirada que necesita buscar sosiego y calor en el interior el frio que me vela es un libro que llega a tener una organización que pudiera esconder un diario en el fondo, son anotaciones breves, apuntes poéticos, poemas condensados,  miradas que van agotando los ciclos  de la naturaleza primero es el otoño “infinitas hojas traspasan un aro /con la firmeza del viento /y el suspiro del otoño…”, luego será el invierno soy como un copo de nieve que se disuelve…” y después habrá que dirigirse hacia la primavera o más exactamente hacia la luz “espejea la mañana en el delirio de abril/ y el frio que ve vela vuela / y veo  un estallido de lu/z lidiando la avena y los olivares”. Hay que dirigirse hacia la luz, porque la poesía es un ejercicio de depuración de disciplina de autodominio, un intento de crecer hacia dentro de crecer, hacia la eternidad, que es el momento capturado, la disciplina  del yo que mira de sus  libros anteriores se han dicho cosas muy significativas muy hermosas. De “la sabia insinuación de las cosas” dijo Luis Landero:.. una verdadera fiesta para los sentidos, sabe mirar y arrancarla a las cosas lo singular lo intransferible…”, “de esta ausencia tuya,” dijo Antonio colina ,que nuestra autora busca un nuevo cauce para las palabras y lo logra. La forma importa poco en la medida, en que ella entiende sus textos. La apariencia de diario es engañosa y por eso lo que aparenta ser fragmento es poema. Pues bien este libro que hoy presenta, “El frio que me vela” radicaliza el proceso depura el dialogo sensual de las cosas y con las naturaleza y ofrece los poemas, esos poemas que habían bajo “Esta ausencia tuya “ intuidos por colinas y bajo las evocaciones narrativas de ”Perdí las estrellas” con la mirada madura de  la poeta, de la mujer que vive  en Soto del real en Madrid se vuelve a paisaje infantil a la reunión con el padre y con la madre en las tierras de granada y esa vuelta es un proceso interior que se traduce en un multiplicado esfuerzo poético esfuerzo de contención disciplina de delicadeza textos breves a veces casi aforismos a veces anotaciones exactas de una mirada lirica que procura depurarse al máximo: “nadie viene a este rio/ sin desvestirse/ y lucirse en el reflejo del agua “,o “hoy soy humo /como de haya quemada /que se eleva en una blancura/ que sepulta el cielo “. Lo que existe en un reflejo, lo que existe después de quemar lo superficial el soy humo es importante porque la disciplina de la depuración alude al yo la poeta afirma renunciaré al soy para obtener el yo. Es una distinción necesaria entre la esencia y la existencia entre lo accidental y lo sustancial. Si Dios se presentó como ”Soy el que Soy”, es porque su existencia  correspondía con su esencia, algo que no suele ocurrir en el mundo, donde las cosas, los objetos, pero también el yo suele ser nómada y suele estar siempre en otra franja, o en  otra parte, hablar desde otra parte. El trabajo del poeta en la línea que habló sobre todo un maestro, Juan  Ramón Jiménez, ,en su libro ”Eternidades” exige precisamente la disciplina de dominar la existencia para adecuarla al yo esencial, ese el trabajo de la mirada ,un trabajo de austeridad que ha marcado como disciplina el mirar de Salomé Ortega en “El frio que me vela” y como Juan ramón, la poeta, hace su propia definición de un Dios deseado y deseante:” Dios en una gota de agua /Dios en un reflejo del rio / Dios cristalino /en  el espejo del agua”. Si el punto de partida es una ausencia: “no me bastan las estrellas/ dónde estás  tú” la mirada austera, lenta, minuciosa, exacta de la poesía, permite una intuición de la plenitud en la precariedad fugitiva del tiempo.: “ la tarde de oro/desaparece por entre los suave rosas del horizonte /como yo por lo eterno me iré “ El frio que me vela”, es un libro hermoso, que reúne los valores característicos de la sensibilidad poética de Salomé y extrema la depuración interior de su mirada. Es un buen libro y es la buena consecuencia de sus libros anteriores, por eso encuentra más tiempo que nunca para mirar y definir la naturaleza y para convertir la mirada en unas cuantas palabras verdaderas”.
8º LIBRO “EL SILENCIO DE LA LUZ
PRÓLOGO DEL “SILENCIO DE LA LUZ”, POR LUIS EDUARDO AUTE, CANTAUTOR, ESCRITOR Y PINTOR:
           Entre estos delicadísimos poemas breves de “El silencio de la luz” se encuentran dos que delatan, con toda claridad, la visión que tiene Salomé Ortega de lo que para ella significa el siempre enigmático concepto de poesía:

                “Detrás de unos ojos tristes,
                hay versos hermosos,
                los ojos tristes son poesía.”

                “... Mientras haya palabras cautivas
                liberadas por la luz,
                habrá poesía.”

                “El enigma de un verso
                lo escribe el silencio.”

        Estos versos son toda una declaración de principios que marcan, en profundidad, todo el “corpus” anímico del poemario. Por un lado la búsqueda de la luz tras la opacidad de las palabras cautivas por la sinrazón, y por otro, la búsqueda de los sentimientos que apenas son latidos cansados, ya ausentes de corazón. Esa búsqueda se sabe perdida, inútil, vacua, pero impulsada, aún, por la urgencia de manifestar esa penúltima derrota resistiendo a través de la escritura poética a modo de refugio, ya que no de tabla de salvación.

        Salomé Ortega no se rinde ante la desquiciada realidad del paso del tiempo sobre su propia vida, y de estos terribles, feos tiempos que nos han invadido como monstruosos depredadores ávidos de muerte, y destrucción de la memoria mas no del náufrago olvido:

                “En la nada y el olvido,
                el olvido se recuerda.”

                “Morir
                como humilde rosa,
                ya marchita,
                herida por el crepúsculo
                divino del olvido.”

“Perpetuo naufragio
el mar de la Historia”

“La memoria,
es el calendario
del olvido.”

Son poemas desnudos, limpios, casi transparentes. Nada sobra, nada falta, todo es esencial. Algunos evocan la estructura del “haikú”, otros pertenecen al ámbito del aforismo, y otros son pura lucidez emocional, siempre contenida, justa, exacta:

“No me fío de la vida,
cualquier día,
me entregará a la muerte.”

        Hay otros con motivos amorosos, también precisos, en los que la elegancia prima sobre la tentación confesional:

                “Encontré en tus ojos,
                la lágrima
                que buscaba.”

                “Siempre estaré contigo,
                como el árbol,
                fiel
                a la primavera”

        No es fácil escribir palabras sobre otras palabras que uno hubiera deseado escribir, pues me siento muy afín no sólo al universo tanto reflexivo como emocional de estos poemas sino también del minimalista formato de su escritura.

        Reconozco mi indisimulable obsesión por las pulsiones súbitas de una imprevista arritmia o de una impertinente desazón más o menos conceptual, por lo que confieso mi dificultad en mantener una mínima objetividad en este intento de analizar literariamente un poemario que me resulta más que próximo: los árboles no dejan ver el bosque, aunque podría afirmar que este bosque logra que me adentre por sus tinieblas para descubrir el árbol de luz:

                “Entre la neblina
                las rojizas hayas,
                alumbran la bruma.”

        Se invoca a la luz, o a la memoria de la luz, para que el bosque expulse sus ruidosas oscuridades y recupere su silencio enajenado, sabiendo que esa invocación, otra vez, será un acto fallido:

                “Ni tan siquiera la luz,
                alumbra un destello de cordura,
                en los abismos humanos.”

                “Vivo en un clandestino deambular,
                con el oro humilde de la palabra,
                donde aún la mortalidad suspira
                por lo inmortal,
                buscando con ojos cuánticos
                la divinidad del universo,
                y el alumbramiento de una fe
                en la que no creo.”

        Pero Salomé es consciente de que su búsqueda de la luz tropieza siempre contra un perpetuo espejismo cegador que no le permite ver, ni ver-se, y que debe traspasar a través de la poesía y los sueños:

                “Dormir
                en el lecho del silencio,
                arropada por la luz.”

                “Desenredando el yo
                libero el soy.”

        He aquí, tal vez y al fin el encuentro con la revelación que procura la única luz incontestable, la luz de la reflexión, la luz del descubrimiento de la consciencia propia, y por ende, de la “conciencia” que es la voz que habla desde la luz:

                “La sombra se ruboriza,
                ante la presencia de la luz.”

                “Caminar seguro
                con la lámpara
                de la conciencia.”

        Sin duda, estos poemas son mucho más que una colección de versos escritos en un tiempo y un espacio. Son, en todo caso, reflexión sobre el tiempo y el espacio de la poeta,  en la sucesión de claroscuros y ruidosos silencios, que trazan el itinerario a ninguna parte de la aventura de la vida.

        Salomé Ortega se busca a sí misma en ese proceso e intuyo que empieza a vislumbrarse en el espejo roto de la poesía.


ALGUNOS FRAGMENTOS Y POEMAS DE LA OBRA DE SALOMÉ ORTEGA.

Del libro “la Sabia Insinuación de las cosas

Estoy oyendo su voz, siempre la escucho, mi abuela, han pasado muchos años y caen sus palabras frescas como el agua de la escarcha. Ando latiendo al abrir de la lumbre, debidamente la sartén asentada sobre las es trébedes, el borboteo del aceite caliente, humeante la chimenea, en el rescoldo la olla de agua hirviendo una colmena de burbujas, con sigilo con los dedos de harina se deslía en la sartén con el movimiento de la resera.

Alterné de una estancia a otra y en cada pieza un ventanal, en cada ventanal una gran luna redonda como una hoja de nácar, penetrando el resplandor el tejido de las cortinas.

Del libro “la alfombra de la palmera y la media
¿Piensas en el Cairo? yo lo recuerdo a menudo, fue allí donde concebí el asomo del llanto en  un azote, era un cuerpecito solitario pendiendo de un pie, luego me acostaron a la vera de nuestra madre, me amamantó mudamente en un lecho de fatiga, llegó  papa con una veta sanguinolenta en los ojos, y maldijo que fuera una niña, no se inclinó para verme, fui una invisible.

Del libro “perdí las estrellas
Llegó el día de decir adiós, mi abuela lloraba. -Escribid en cuanto lleguéis, os he puesto un saco de almendras para las niñas y albahaca para ahuyentar a los mosquitos, y unas cadenitas relucientes como los campos de abril, y un caminito de vuelta, por si necesitarais romero o hierbabuena o simplemente volver a por el silbido del viento. Luego mi padre, elegante como siempre, con la mirada perdida en el cobijo de la nostalgia, abrió la puerta y un vértigo de luz blanca entró en el recibidor. Los resplandores del sol me cegaron, dejé mi rinconcito de llanto y los sollozos de la despedida que inflaban el aire, y salí corriendo al exterior a llenarme de espacio, de alburas flores reventando los almendros. Me colmé de luz antes de marchar.



Del libro “el frio que me vela

Tengo frío,
me cubren la noche
y las rosas.


Entre el ramaje melancólico
Del jardín en invierno
Un mirlo canta y
De su plumaje negro
El único color en esta tarde fría
Su pico amarillo
Como un rayo de sol
escapado entre las nubes


¿Y si me muero ahora?
¿Alcanzarán la luz los pájaros
antes que mi alma?


La poesía es la sal de la ola
que estalla en la luz






ALGUNOS POEMAS DE “el silencio de la luz”

A la fuente sonora,
le sombrea la higuera,
y el  águila planea,
sobre el monte y la huerta.
en el ribazo crece la hierbabuena,
y en mi corazón la pena,
de que nada es eterno.


UN poema,
simplemente brota,
vibra en la cuerda
de colgar la ropa,
en un verso
de agua mojado,
en la memoria de un sonido,
o en el resplandor de un olvido,
en la presencia de un abandono,
o en el vértigo de un pensamiento,
en la herida azul de un manantial,
o en la sigilosa nieve,
pisada por el paso de una sombra.

Mientras tirite una estrella
como un escalofrío,
en el oscuro jardín del firmamento,
y las dunas sean el oro solitario
que resplandece en el desierto.
Mientras haya palabras cautivas
liberadas por la luz,
habrá poesía.

NO ME PREGUNTES donde voy por sino volviera, cuando la muerte venga a visitarme, solo cógeme la mano cuando muera y entrelazaré mi mirada con la tuya para permanecer en tus pupilas infinitas.

A MI PADRE





No desear nada,
sólo la transparente mirada,
de  la escarcha fría,
en el  horizonte azul.

no desear nada,
sólo el recuerdo
sobre las ruinas,
de lo perdido.

no desear nada,
sólo el batir de las olas,
como alas de mariposa,
en la dorada orilla de la memoria.

No desear nada, no,
sólo el silencio
de la luz,
en el último suspiro.